Parece
que sí, mismo no siendo de Sevilla y que no haya perdido su silla, pues todo
indica, conforme lo arguyen diestros investigadores ingleses, que se ha descubierto
la identidad de Jack, -no la del húmedo Daniel´s- sino más bien la del “Destripador”, 126 años después
de que éste diera muerte a cinco mujeres inglesas en el entonces empobrecido distrito
londinense de Whitechapel a finales de 1888… A lo mejor, incitado por su
licoroso tocayo.
De acuerdo
con exámenes de DNA, el criminoso fue identificado como Aaron Kosminski, un peluquero
judío de 23 años que habría venido de Polonia, como siendo el célebre
serial-killer, de acuerdo con lo que informa el destacado rotativo británico “Daily
Mail”… Aunque ha quedado en suspenso descubrir si era el mismo barbero de Rossini y de Cesare Sterbini, y si a él también le gustaba la opera.
A bien
verdad, un chal común y corriente que fue encontrado tirado al lado del cuerpo
inerte de Catherine Eddowes, una de las cinco víctimas del destripador, terminó
posibilitando la identificación del matador en serie y presunto responsable por
el asesinato de las cinco prostitutas en Londres. La referida vestimenta fue
comprada en una subasta por Russell Edwards en 2007, y luego analizada durante
tres años y medio por el perito Jari Louhelainen, un especialista en biología
molecular.
Posteriormente,
los datos encontrados fueron cruzados con las anotaciones de Donald Swanson, el
policial responsable por investigar el caso en 1888. Y fue así que hallaron en
sus glosas, que entre los seis sospechosos de Donald, estaba un hombre polonés
de clase baja llamado Kosminski.
A partir
de ahí, para obtener la respuesta que todos buscaban y Russell pagaba, los
analistas cruzaron los datos biológicos encontrados en el chal del ganzúa
policial que lo guardara para dárselo de regalo a su querida esposa, y el cual nunca fuera lavado y mantenido en seguridad por los
descendientes de Swanson, con los del
DNA de los descendientes de los seis sospechosos y el de la víctima, explica el
“Daily Mail”.
El antojadizo
Edwards, un empresario del Norte de Londres, resolvió
entonces investigar la historia de vida de Kosminski; y descubrió que el
barbero había emigrado con su familia de Polonia para la región Este de Londres
antes de los asesinatos, por cuenta de una onda de antisemitismo en Europa del
Este, y que este hombre ligero de manos ya era considerado por la policía como
un potencial sospechoso… Aunque no se sabe si era porque su navaja tenía mucho filo.
Como sea,
las anotaciones policiales indicaron que él tenía “odio de mujeres y tendencias
homicidas”… Mismo así, sin llegar a ser descubierto por sus crímenes,
Kosminnski acabó muriendo en un manicomio en 1899 debido a una gangrena… Que,
como todos saben, suele ser mortal.
La historia
completa del caso, ahora será contada en el libro “Naming Jack the Ripper”, o
en su mejor traducción, “Identificando Jack”, cuyo lanzamiento ocurre este mismo
mes de septiembre.
La teoría
de Edwards es la más reciente tentativa de descubrir la identidad del asesino
cuya historia dio origen a una serie de libros y filmes y que continúa
fascinando interesados hasta hoy día en estas cosas sangrientas de mujeres.
Por
ejemplo, en 2002, la autora de romances policiales, Patricia Cornwell, pensó haber
descubierto el DNA de Jack, el destripador, ligándolo al artista británico
Walter Sickert, a quien le gustaba pintar dramas mórbidos, algunos con escenas
de violencia contra mujeres… Pero resultó que era pura tinta de Walter, un
desquiciado artífice de los matices.
Por
tanto, aprovechando este clima operístico analítico, creo mejor atizar un poco
más la Realidad que tantos insisten que yo vea, como por ejemplo, entregarme a examinar
el libreto de “La flauta mágica” de Mozart y, haciendo uso de su flautín de Pan, ver si descubro el verosímil parecido entre Amadeus, Papageno, Pamina, Sarastro y Papagena… ¡Me parece más ornitológico!
(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo
aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están
en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
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