A veces es necesario resignarse ante ciertos hechos que ocurren en la
faz natural o transformada de esta tierra; aunque yo mismo piense que es malo
que se tenga que comenzar un asunto por un prólogo que, al igual que un
catálogo general, lo logre explicar; así como también comprendo lo pésimo que
es, que forzadamente un prólogo presuma de tanto, sólo porque las conveniencias
y los hábitos acabaron por hacerlo obligatorio… Aunque todos sabemos que el
hábito no hace al monje.
Pero, en fin, mismo que uno quiera parecer bien intencionado, ha de
comprender el leyente que no siempre existe un encuentro pacífico entre las subjetividades
y objetividades, cuanto más con las intimidades y afinidades. Porque en
consecuencia, ante toda ocurrencia similar, cualquiera tendrá que enfrentar:
choque y adecuación, reconocimiento y descubierta, confirmación y sorpresa.
Es obvio que el protagonista de tal hazaña viajó, pero no muy lejos,
viajó por dentro de sí mismo, por la cultura y la fe que lo formó y que de
alguna manera aun lo está formando, por lo que significa que durante un par de
horas, él fue un espejo que reflejaba imágenes exteriores, una vitrina
trasparente por la que luces y sombras atravesaron, una película sensible que
registró, en tránsito y proceso, las impresiones, las voces, el murmullo
infinito de todo un pueblo.
Pero como bien sé que el escepticismo y la sospecha son multitudinarios,
mostraré el palo y la piedra -que no es filosofal-, o mejor dicho, usted mismo
lo podrá confirmar junto con la Secretaria de Salud Pública de Bahía (Sesab por
su sigla), en Brasil, una vez que ésta abrió una investigación interna para
apurar la actuación del equipo médico que atendió, la noche del domingo 24, al
paciente Walter Lúcio de Oliveira Gonçalves, un masculino de 54 años, en el “Hospital
Menandro de Farias”, situado en el municipio Lauro de Freitas, en la región
metropolitana de Salvador.
Hasta aquí, nada he dicho, pero resulta que Gonçalves, portador de un cáncer,
había llegado a la referida unidad médica con dificultades respiratorias y,
pocas horas después, terminó sufriendo tres paradas cardíacas. Sin embargo, de
acuerdo con lo declarado por el portavoz de la unidad médica, el paciente no
respondió a las tentativas de reanimación, por lo que fue declarado muerto, a
las 23 horas, cuando entonces fue llevado, dentro de un saco plástico, para la
morgue.
Con todo, pese al infortunio de su hado, dos horas después, su hermano Waltério
notó que había movimiento en el material que envolvía el cuerpo de su deudo,
por lo que avisó a los médicos, quienes llevaron al fallecido paciente de vuelta
para la Unidad de Terapia Intensiva del nosocomio.
Así pues, esa misma multitud de susceptibles a la que antes me referí,
pensará que la familia del paciente, que acompañó el atendimiento, estará ya en
busca de un buen abogado para querellar una suculenta indemnización pecuniaria,
pero otra vez se engañan éstos, ya que los de su tribu defienden al equipo
médico del hospital, y atribuyen la “resurrección” de Gonçalves a un milagro otorgado
por la Hermana Dulce, una reconocida beata de aquella latitudes.
El propio paciente, que está consciente y lúcido, fue quien afirmara que
la beata bahiana había sido quien intercediera por su vida. Claro que no lo ha
dicho con palabras sonantes, pues, sin poder hablar por causa de una traqueotomía,
Gonçalves sólo escribió una esquela, en la cual cuenta que vio a su madre (ya muerta)
y que ella le pidió para rezar por la Hermana Dulce… “Yo vi a mi madre diciéndome:
Hijo, se apegue a ella y serás salvo”, indica un trecho del texto… “Vi la muerte
a mis pies, pero mi fe fue tan grande que me curé. A todo este equipo (médico) y
a la Hermana Dulce, por todo y por todos, muchas gracias”.
No obstante, haya que reconocer que esa misma fe de Gonçalves fue quien
le ayudó a que fuese transferido, en la tarde del lunes 25, para el centro de
oncología del Hospital Santo Antonio, un nosocomio administrado por las “Obras
Sociales Hermana Dulce” (Osid por su sigla), en Salvador.
Además, de acuerdo con la familia, para venerar tal prodigio milagrero, el
valor que fue gasto con la compra del ataúd (U$ 1000), ahora será donado para la
“Osid”.
¡Pronto! Delante
de lo que ya no es más un impase, alcanzo a razonar, sereno, frente el
sometimiento de estas letras, que necesito aquietarme en el silencio de las meditaciones
aquiescentes y en la abrupta mudez de las
irrevocabilidades… ¡Santísimo tema!
(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
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