Es factible que el grado de presunción del ser humano pueda variar tanto
cuanto sus relacionamientos. A comenzar primeramente por las parejas. Por
consiguiente, es fácil ver como muchas de esas yuntas creen estar dotadas de
algún conocimiento raro, o hasta ser protagonistas de una gran historia de amor
anacrónica… “Luego encontrarás a alguien”, le dicen ellos a sus amigos
solteros, con aquella misma mirada que facilitarían a un pobre perro
abandonado.
Por supuesto que además del tono condescendiente y extremamente
arrogante con que estos palominos tratan a quien es soltero, a veces llegan al
límite de usaren la expresión “alma gemela” en una conversión casual. Eso,
cuando uno no tiene que aguantar la narrativa detallada de su viaje de luna de
miel a cualquier parte, y aun tener que sonreír para cada una de las 2300 fotos
de la pareja curtiendo la vida juntos. Por tanto, después de visitar su amigo
casado, usted puede sentirse satisfecho con su vida de “soltero”, pero es
justamente ahí que yace el peligro.
En todo caso, si usted tiene orgullo de ser o estar soltero, entonces
tome cuidado, porque esa postura de autoconfianza a veces le puede salir por la
culata, y puede llevarlo a hacer alarde de las mismas pretensiones que son
comúnmente exhibidas por los solteros que no asumen el recalque. Como por
ejemplo:
Hablar que “no tiene tiempo” para un relacionamiento, lo que inevitablemente
implica en el hecho de todos los comprometidos ser perdedores en materia de
amor. Es una manera egocéntrica de decir que personas ceñidas en relacionamientos
son unos pobres de espíritu que no tienen libertad para hacer amistades y enfrentar
desafíos.
Discutir regularmente todas las cosas que le gustaría realizar antes de “atarse” con alguien,
como hacer un viaje de mochilero o escribir un libro, porque todos saben que esa
“libertad para curtir la vida” acaba en el mismo segundo en que las ex-novias o
ex-novios alteran su status en Facebook para “En un relacionamiento serio con...”
Inundar el feed de las redes sociales de todos sus
amigos con
máximas contra el casamiento. Después no reclame del tipo de atención que capturará
con esa postura de “yo soy diferente y el resto es todo igual”.
Usar argumentos de personajes de series o
filmes para justificar
sus ataques a cualquier forma de relacionamiento amoroso. Con ese tipo de
determinación, las personas acabarán realmente sintiendo pena de usted.
Improvisar en la hora de hablar lo “triste” que es, cuando un individuo entra en un relacionamiento, mencionando
que “al final todos desaparecen”. Claro que puede rolar aquella etapa
antisocial al comienzo de un noviazgo, pero eso de generalizar relacionamientos
es casi siempre escupir para arriba en día de viento.
Querer demoler el concepto de casamiento cerca de
personas que están ansiosas por casarse. Sinceramente, una cosa es no querer amarrar su
burro, y otra es virar predicador quijotesco de la independencia afectiva,
citando porcentuales de divorcio todo el tiempo como si usted fuese una “Nasdaq”
del dolor de codo.
Decir lo cuanto está “enamorado de la ciudad” porque tiene la chance de tener una experiencia
más profunda del lugar de que las parejas, ocupadas demás en el cuarto de un
hotel para notar el edificio más alto de la ciudad.
Describir el tiempo que pasó soltero como un “periodo
de descubrimiento”. Al final de cuentas, la introspección y el crecimiento personal quedan
paralizados cuando un relacionamiento comienza, ¿no es verdad?
Hablar de lo contento que está por no estar atado a nadie en la frente de todos sus amigos
comprometidos. Como si su vida fuese un genuino paseo de unicornio por el
arcoíris del placer, estilo y éxito profesional.
Decir que está casado con su carrera. Puede hasta masajear su propio ego con ello, pero
de hecho, es que hay mucha gente que no necesita dejar que desear en otros
departamentos para realizarse profesionalmente. Óptimo si se le antoja dormir
solo, pero es mejor dormir sin eso en la cabeza.
Reclamar de los convites de casamiento que recibe en las redes sociales. Pero por lo menos tenga
el mínimo de decencia y reclame en privado, como un adulto.
Ponerse a distribuir consejos para las parejas como si estuviese ampliamente familiarizado con el
tema relacionamiento. Claro que es mucho más confortable juzgar la convivencia
a partir del puerto seguro del soltero.
Hablar sobre todas las cosas divertidas que usted puede
hacer como persona
soltera, incluyendo el hecho de “poder ir” a cualquier lugar cuando tiene ganas.
Cavilando
sobre esto, imagino a aquellos que no están completamente en sí, actuando como
quien ha escapado de un peligro y se sorprende de estar todavía vivo, con esas
lágrimas que no caen y se consumen en los ojos, viviendo con ese dolor feliz,
esa especie de felicidad dolorosa, ese ser y no ser, ese tener y no tener, ese
querer y no poder… Del que habla por hablar porque no está pronto para encarar
su bienestar a dos… ¡Desdichado hombre!
(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
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