Los más entendidos
en estas cuestiones de apetencia desmedida, suelen afirmar que el apetito no es
más que un impulso instintivo que nos lleva a satisfacer deseos y necesidades.
Por ejemplo, cuando nos queda poco combustible interno (glucosa), se dispara en
nuestro organismo una señal de alarma que no es otra cosa que el hambre… O sea,
un signo que nos excita a comer y saciar nuestro apetito.
Elemental
decir que el deseo de comer tiene su origen en el cerebro -aquella parte que una
gran mayoría tiene alojado entre oreja y oreja-, más precisamente en el llamado
centro del hambre, que ésta ubicado en el “diencéfalo”, una estructura nerviosa
especializada que se encuentra en la base del cráneo.
A bien
verdad, el diencéfalo responde directamente a otro estímulo, que es la
disminución de la concentración de azúcar en la sangre, puesto que la tasa de
glucosa en la sangre (glicemia), debe mantenerse en un valor constante, ya que cuando
ésta desciende considerablemente, se dispara la señal de alarma. No en tanto,
un séquito de caminantes tiene
mucho miedo a pasar hambre, por lo que se convierte en un ser insaciable cuando siente esa sensación física muy incómoda.
No es de sorprender que los galenos afirmen que es por ello que debemos realizar 3 comidas diarias y dos
meriendas con las porciones adecuadas de alimentos, ya que de esa manera
evitamos la ansiedad y controlamos la sensación de hambre que nos ataca cuando
duramos muchas horas sin comer.
Yo, por mi parte, trato
de aprender a controlar el hambre, porque sé que nuestros cuerpos aprenden a
base de rutina a qué horas uno va a comer, a dormir, a despertarse, sin hablar
ya de las otras necesidades biológicas, como es el caso de esta descontrolada
mujer indiana.
Así pues, en vista de esa descontrolada emoción apetitosa, siempre de
acuerdo con lo que informaron la semana pasada los medios de comunicación locales,
fue que un tribunal de la ciudad indiana de Mumbai, acabó concedió el divorcio
a un hombre que alegara que su hambrienta esposa mostraba “un excesivo e
insaciable apetito sexual”, sin importarse con lo cuan agotado el infortunado
cónyuge estuviese.
Por ende, la jueza Laxmi Rao consideró en su sentencia que, al no
comparecer la descontrolada esposa al juicio, nadie fue capaz de contradecir las
alegaciones del litigante, “por lo que el tribunal no tuvo otra opción que aceptar
la evidencia y conceder el divorcio”, según menciona la agencia de noticias local
“PTI”.
Mismo así, cabe agregar que el inapetente marido explicó con todas las
letras frente a los tribunales, sin importarse en dar todos los tipos de detalles,
como era que su mujer lo obligaba a practicar sexo y que, a pesar de que él trabaja
duro en tres turnos diferentes y de volver para su casa muy agotado, su mujer
le pedía siempre que la satisficiese. Además, relató, entre otros ejemplos, que
en octubre de 2013 fuera operado de apendicitis y, no en tanto estuviese recuperándose,
ella lo forzó a practicar sexo.
Según él, su comportamiento “insistente, agresivo y obstinado” lo llevó
a tomar la decisión, ya que era imposible continuar viviendo con su mujer bajo el
mismo techo… Y en la misma cama.
Discúlpenme, pero sin querer, esto me lleva de rayano a imaginar cual
habrá sido el fantástico diálogo que existió en el momento fatal, visto que ni
mismo Freud, que siempre arregló las cosas con pitadas de sexo sin nexo, sería
capaz de explicar… ¡Hiperbólico caso!
(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
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