Se dice
que el sentimiento de culpa por engañar, se refiere a como uno se siente con respecto
a las mentiras que se han dicho, pero no envuelve la cuestión legal de si ese
mismo sujeto es culpable o inocente. Por tanto, el sentimiento de culpa por
engañar debe distinguirse del que provoca el contenido mismo del engaño.
Supongamos, por ejemplo, que en “Pleito de honor”, la famosa película dirigida por Anthony Asquith y protagonizada por
Robert Donat, el joven Ronnie Winslow hubiese robado efectivamente el giro postal de 5 chelines. Quizá
tendría sentimientos de culpa por el robo en sí, y se consideraría a sí mismo
una persona ruin por haber hecho eso. Pero si además le ocultó el robo a su
padre, podría sentirse culpable a raíz de haberle mentido: éste sería su
sentimiento de culpa por engañar… Una emoción que realmente falta en muchos
políticos, evidente.
Pero en
fin, algunos mentirosos no calibran como corresponde el efecto que puede tener
en ellos, que la víctima les agradezca el engaño en vez de reprochárselo,
porque le parece que la está ayudando; o cómo se sentirán cuando vean que le
echan a otro la culpa de su fechoría. Ahora bien: estos episodios pueden crear
culpa a algunos, pero para otros son un estímulo, el aliciente que los lleva a
considerar que la mentira vale la pena.
Otra
razón de que los mentirosos subestimen el grado de culpa por engañar que pueden
llegar a sentir, es que sólo después de transcurrido un tiempo advierten que
una sola mentira o fechoría tal vez no baste, por lo que es menester repetirla
una y otra vez, a menudo con intenciones más y más elaboradas, buscando así
proteger el engaño primitivo.
Teniendo
esto en cuenta, imagine lo que le podría suceder a usted, si llega a ser sorprendido
al invadir un apartamento ajeno. ¿Qué puede hacer entonces para evitar el
infraganti?
Yo, al
igual que todo sobrecogido leyente, pienso que muchas cosas. No en tanto, a
Tang Lei, un habitante de Suqian, en la provincia china de Jiangsu, se le
ocurrió una idea diferente, y resolvió fingir que era Superhombre.
Así pues,
sin hacerse de rogado, se quitó los
pantalones, y sólo de calzoncillos, saltó por la ventana del quinto piso. Sin
embargo, Lei no salió volando como usted pueda imaginar. Conforme cuenta el
periódico norteamericano “New York Daily News”, el chino planeador reventó -al
igual que la cucaracha que uno pisa- contra un tejado vecino.
Resulta
que al ser flagrado en el apartamento de un hombre y su hija de 10 años, Lei, mamado
a más no poder, les garantió que era el “Superhombre” en persona. Para probar lo
que decía, resolvió tirarse por la ventana, de una altura de casi 15 metros. El
resultado fue heridas graves y muchos cortes y hematomas.
Para
suerte suya, un vecino escuchó los gritos de este “Clark Kent” oriental y lo socorrió
llevándolo a un hospital de las proximidades.
Después
de ser tratado y medicado, Lei acabó siendo acusado de robo. Empero, las cosas
pueden resultar aún peores para este chino volador si llega a ser condenado:
Lei puede permanecer preso por hasta siete años, según la legislación china.
El propio
Lei admitió su aventura en el hospital, diciendo: “Pensé que el apartamento estaba
vacío. Yo sólo quería dormir un poco para aplacar mi mamúa”… Sin embargo, los
chismosos vecinos apuntan que la falla de su despegue fue por causa de la “kryptonita”
que lo impidió de salir volando.
Que más
decir una vez que nos enteramos de tal epifanía, si en verdad debemos
conformarnos con el hecho de existir y creer que esas cosas de tomar sol, son
meros rastrojos de los menús inquisitoriales de Torrequemada, cuando sádicos y
masoquistas en éxtasis sudoríparos y untes viscosos, partían para sus
actividades de padecer o torturar… ¡Esplendoroso!
(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo
aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están
en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
Nenhum comentário:
Postar um comentário