Claro que
éste asunto ya dio mucho paño para manga, pero cavilando con mis botones, mismo
que ellos no respondan, recuerdo que en su libro de memorias, Salman Rushdie llega
a relatar un juicio que ocurrió en Australia. Un camionero ebrio había arrasado
con su camión el bar del que acababan de echarlo, matando cinco personas. Al
declarar, dijo que él no actuaba nunca de ese modo, porque siempre había
cuidado a sus camiones como si fueran sus propios hijos… Ergo, su argumento
valoraba más los camiones que la vida humana.
El autor
de “El último suspiro del moro” usó aquel caso para explicar que los islamistas
que lo condenaban a morir por haber escrito “Versos satánicos”, hacían de la
religión lo que el camionero con su camión: “valorarlo más que a la vida humana
y usarlo para asesinar”.
De igual
modo, el extraño final del “día D” en la disputa con los fondos buitre, dejó
flotando una pregunta inquietante: Qué valora más Cristina Fernández en esta
pulseada: ¿el relato ideológico que la muestra como heroína, o la vida
económica de los argentinos?
Juzgo que
la estrategia de mostrar dureza hasta ultimísimo momento fue más razonable que
la ansiedad de pagar que mostraban muchos opositores y críticos. Si hay que
ceder, es lógico hacerlo cuando ya no hay esperanza de que ceda la contraparte.
Pero terminar
sin acuerdo también resultaba razonable, debido a esa carta en la manga que
apareció en los últimos días: la negociación entre privados que inició un grupo
de bancos argentinos ni bien el país entró en default técnico, para que la
cesación de pagos durara lo menos posible.
Parecía
una jugada diseñada por el titular del Banco Central y aprobada en equipo, que
permitiría a la Argentina el cumplimiento del polémico fallo del juez Griesa
sin el riesgo de que se activase la cláusula RUFO, que multiplicaría
estrepitosamente la deuda porque impone pagar lo mismo a todos los acreedores.
Esa pudo haber
sido una jugada maestra, pero la saboteó el propio ministro de Economía y la
mismísima presidenta. El caso es que Kicillof y su jefa desautorizaron la
negociación privada y pusieron a sus protagonistas argentinos bajo sospecha.
Posiblemente,
el gobierno apostase a llegar en default hasta el 31 de diciembre y pagar al
día siguiente, cuando el vencimiento de la cláusula RUFO erradicase de vez el
riesgo de multiplicar la deuda. No obstante durante esos meses, el default
agravará la inflación y recesión, afectando negativamente la vida de los
argentinos, lo que se evitaría si los bancos privados acuerdan con los buitres.
Entonces
uno se pregunta: ¿Por qué fue la presidenta quien saboteó ese intento? ¿Acaso
temió que al protagonismo heroico de esta “batalla” se lo quedara el banquero
Jorge Brito?
O quizás
la cuestión que mis botones no saben responder, sea: ¿Le importa más su puesto
en la épica kirchnerista, que la cotidianeidad de las personas que gobierna?
Si así
fuera, pienso que el “relato” de este cuento se parecería mucho al del camión
de la historia que narró Salman Rushdie… ¿O me engañé?
(*) Por si
está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
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