No ha sido por casualidad el hecho de que la palabra
“feliz” aparezca como que de repente más adelante, pues en realidad es lo
mínimo que podemos decir de la expresión de este individuo. También es
imposible que haya sido el acaso, ya que ni en sonido ni en peso esta palabra
se puede igualar a otra cualquiera, pues condicionalmente, además está la intrínseca
relación entre la vista y el tacto.
Sobre lo último dicho, ha de saber el leyente que la
virtud de la expresión está depositada en la privilegiada vista del
protagonista de esta historia, ya que sus ojos son capaces de ver por los dedos
lo que éstos están tocando, y los dedos, sin tocar, consiguen sentir lo que sus
ajados ojos están viendo.
Finalizados los necesarios esclarecimientos
preliminares, finalmente llegamos hasta un hombre de nacionalidad uruguaya, de
83 años, y que vive en el interiorano y bucólico paraje de Villa del Carmen,
ciudad natal de la tradicional familia Burgues, en el Departamento de Durazno, Uruguay.
Pues resulta que este individuo acaba de firmar un sorprendente convenio con
las autoridades de su pueblo, donde decididamente cambiará su actual vivienda
por nada menos que “un nicho” en el cementerio local.
El inadvertido lector ya se preguntará: ¿Y el
objetivo de su intención, dónde está? Pues a ese mismo leyente, le aclaro que
si usa un poco de su materia gris, pronto descubrirá que el propósito, primo
hermano de la maquinación, reside en uno querer asegurar un futuro tranquilo en
este conturbado universo.
En todo
caso, el resultado de estas y otras preguntas que no han quedado registradas,
no ensombrecieron para nada el semblante del octogenario, pues conforme se lo explicó
al reportero de la agencia “Efe” el alcalde de la localidad, Nuber Medina, el
hecho se debe al intento de evitar que
los sobrinos del susodicho hereden la casa en la que actualmente vive.
Pero de
acuerdo con las testimoniales palabras del longevo vecino que “firmó el
convenio” con la Intendencia del Departamento, éste nos explica que “ha hecho
todo lo posible por cumplir con una voluntad expresada en vida”, pues quiere
evitar a todo costo que sus sobrinos, con los cuales mantiene una larga disputa,
hereden un día la casa, según se reveló en una nota del diario El País.
Así pues,
la casa, valorada en 20.000 dólares, luego después de la firma, pasará a ser de
propiedad municipal tras el fallecimiento de su propietario, que a cambio
recibirá un espacio en el camposanto, cercano a los restos de sus familiares ya
difuntos.
Mismo con
sus 83 años a cuestas, el anciano ya comenzó a acondicionar el nicho conforme
su voluntad e imaginación, y aseguró estar “feliz” por saber que dispone de un
lugar tranquilo y confortable donde descansar los huesos tras su muerte, ya que
eso también le aporta “tranquilidad” para los últimos años de su vida terrenal…
Después se verá.
Mi amigo,
seguramente esto no es el simple resultado de casualidades múltiples o de
obstinada suerte, como probablemente lo hubiera respondido más de mil si les
preguntásemos por qué razón creen ellos que el octogenario firmó el convenio.
En todo caso, con irónica coincidencia, nos quedamos con que, a buena verdad,
ni los jóvenes sobrinos saben todo lo que pueden, ni el octogenario hombre
puede todo lo que sabe… ¡Funesto asunto!
(*) Siguiendo
la misma línea y estilo del presente Blog, surge ahora “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, conteniendo apenas
instantáneas del cotidiano. Disfrútelo en: http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ Conjuntamente, continúa a su disposición mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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