Pequeño rayito de sol, nueva primavera de mi vida que con tu suave brisa
coloreada has trasmutado mágicamente las negras rosas de mi alma por tiernos
pimpollos del rojo intenso de la pasión, deja que tus tiernos labios toquen ya mi
boca reseca y me abrace el calor de tu piel candente.
Oigo tu dulce resonar, y donde antes había solamente yedra marchita y
yuyos secos, con tu magia juvenil y el hechizo de tu luz y tu voz y tus besos,
has hecho nacer en mi deslucido corazón un egregio jardín florido donde hoy
reinan celestiales miles de jazmines y magnolias, claveles y petunias, malvones
y azucenas, begonias y amapolas; todo convertido ya en un descomunal vergel que
empapas con el dulce hidromel de tu cuerpo de mujer madura.
Amada mía, brasa dorada de un sueño impedido que mi amor tu sombra evoca,
has de mi tu prisionero y encadena de una vez tu corazón al mío, para que los infinitos
sueños de amor puedan superar la lóbrega oscuridad de mi espíritu como si fuese
un doble tambor a repiquetear nuestro idilio en la broza de mi jardín de
fantasías cubierto por el espeso manto de hojas secas de ilusiones otrora
perdidas.
Símbolo de dolor y ternura, ciego delirio de mis noches sombrías, de hoy
en más, llévame a todas partes amor, y a todas partes conduce mis dedos y mis
labios como si tu fueras el universo y yo, tu único habitante.
¿Quién fuera ruiseñor? ¿Quién fuera tu trovador?, que por tus besos
suspiro. Quizá necesite buscar melodía para tener como llamarte. Siempre sol,
siempre luna.
Reposa con tus
sueños en mi sueño y sé sombra junto conmigo en todo cuanto rodea. Ya no quiero
ser nadie sin que me mires. No obstante yo cambiaría la primavera para que tú
me sigas mirando y amando de por vida.

Nenhum comentário:
Postar um comentário