Postrado y cabizbajo en medio del inevitable proceso de la nostalgia,
Luis Alberto intentaba esconderse detrás de la pila de papeles que estaban depositados
sobre su escritorio. Pero llegó a un punto en que no aguantó más, y paró de
trabajar para pensar lo que había ocurrido entre ellos.
No tenía duda que se daban bien en la cama, y que paseaban siempre de
manos dadas y se sentían felices en compañía de uno y otro. Con ese tipo de
comportamiento entre ellos, todo le hizo creer en su momento, que sería un
relacionamiento definitivo.
Paulatinamente, sin embargo, existió, sin que ellos lo percibiesen, una
especie de hiato, como si un cristal se hubiese partido. De ahí en adelante las
diferencias entre los dos se fueron acentuando. Claro que ella hacía fuerza
para no percibirlo, pero él lo sentía en sus actitudes.
-¿Cómo un amor puede terminar así, sin que ninguno lo quisiese? -alcanzó
a cuestionarse, pensativo, con la cabeza apoyada en sus manos.
Lo de ellos había sido un alejamiento gradual, que los había hecho
sufrir mucho, sí, pero de cierto modo fueron impotentes delante de las
circunstancias. A cierta altura le pareció imposible que eso estuviese
sucediendo con ellos, y, más aún, luego después de un maravilloso periodo de
entendimiento mutuo.
Tenía la mente confusa, pero él se negaba a ponderar las discusiones
constantes, que si bien podían ser pasajeras, estas en verdad no lo eran, ya
que quedaba siempre un cierto amargor interior en quien cedía.
Era como si ellos pasasen una goma de borrar apagando lo que hubiera
sido dicho. Aunque eso solamente acontecía porque así ellos lo querían. Si bien
esa no era la realidad, porque siempre permanecía escondido un resentimiento
reciproco.
Luis Alberto no quería separarse de aquella mujer que le había dado
tantos momentos de placer y con quien estableciera un entendimiento mutuo.
Pero, silenciosa, una sensación desagradable le fue creciendo por dentro.
Hubo un punto en que los cortos momentos de felicidad que dividían ya no
valían los de desagrado, y él sufrió mucho hasta tomar la resolución de
marcharse.
Permanecer juntos era imposible, no tenía más coraje de continuar la
vida como en suma la estaban viviendo ahora. Hasta que finalmente un día, juntó
sus cosas y salió.
Sentía falta de ella, claro, pero sabía que había hecho lo mejor para
los dos, antes que el odio construyese un nido en sus corazones.
Tenía claro en su entendimiento, que era un gran error querer arruinar
el presente, recordando un pasado que ya no tenía futuro.

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