La gente no debería inquietarse con cierto tipo de cosas. Existen muchas
maneras de alguien despedirse: dando la mano, dándose un beso, con un abraso
tierno, sonriendo, o seguramente dando la espalda, nombrando fechas, echando en
cara lo que podría haber sido y no fue, con voz de olvido, o pensando en nunca. Por eso es muy importante aprender a volar entre tanta
gente de pie.
La vida es por
cierto un desierto y oasis a la vez. Nos derriba, nos lastima, nos ultraja, nos
enseña, y a su vez nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Por tanto, nunca podemos dejar de acreditar que las palabras y las poesías consiguen
cambiar nuestro mundo aunque el viento de la desdicha sople en contra, puesto que
si no dejamos de soñar, siempre podremos aportar una nueva estrofa a nuestra
épica vida.
Ciertamente,
todo lo que uno realmente quiere y desea en esta vida, está del otro lado del
miedo y de la ansiedad. Es probable que por esas causantes, a veces nos
sintamos felices así, por nada, por todo, por lo que sea; si bien es cierto que
muchas veces la gente también llora, no porque sea débil, sino porque tal vez
lleva demasiado tiempo siendo fuerte.
En
ocasiones tampoco existe una próxima vez, a veces no hay segundas
oportunidades, a veces es un ahora o nunca; no obstante, sin ideas, no hay
paraíso, ya que el que vive de ilusiones muere de realidades. No podemos
olvidar que en la eterna lucha entre el arroyo y la piedra, siempre triunfa el
arroyo. No porque sea más fuerte, sino porque persevera.
El hecho de decir, tiene algo que ver con el tiempo. La ausencia de
tiempo es algo que se sueña, es algo que llama la eternidad, y ese sueño
consiste en imaginar que uno se despierta. Uno pasa su tiempo soñando, ya que no
se sueña únicamente cuando se duerme.
El inconsciente es, precisamente, la hipótesis de que no se sueña
solamente cuando se duerme. Ergo, lo aconsejable es uno
no preocuparse, ya que en
algún momento aparecerá en nuestra vida alguien que encenderá las luces que
otros apagaron.

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