Desventura, suerte adversa
y aciaga que me persigue con rumor de quebrado, oscura sombra
de amor que la vida me ha dado, suceso que va en contra de mi deseo
y mi interés, ventura de envidia que me maldice por tu estar
tan lejos de mis brazos.
Surgí para
vivir para siempre entre tus manos, pero hoy me he convertido en movimiento
sombrío de nave que deriva en un invierno, en agua que corre como torrente de
río revuelto, rumor de ventanas que se cierran, ruido de vidrios rotos,
paciencia sagrada de ese cenagoso mar que me impele a andar y navegar por esta
tierra fatal.
En otros
tiempos se notaba de lejos lo mucho que nos amábamos, teníamos entonces un fuego
en la mirada y una inmensa pasión hipotecada en el alma. Sin embargo, aunque los
dos éramos tan diferentes, no fueron pocas las veces nos chocábamos, y muchas
veces peleábamos, pero lo cierto es que cuando estás lejos, te extraño
locamente.
No camines
más entre la niebla y los ladrillos, amada mía. Intenta ser feliz en cuanto
puedas, vedada criatura de la corte celestial, porque aquí en esta región de
extensas penas las injusticias siempre se pagan, porque el dolor siempre se
supera y porque los errores al fin nos enseñan.
No sé por qué
motivo, hoy me dio por extrañarte más que otros ayeres, por echar de menos tu
presencia. ¿Será tal vez porque el amor le deja a uno más huellas que la nada?
Seguramente
herido voy sin ir sangrando la vida, por no ser y ser sin que tú seas. Es como una
melancolía inaudita, es volver al lugar donde un día fuimos felices, pero esta
vez acompañado solamente de recuerdos.
No lo escondo de ti ni de nadie, porque a mí tú me sigues gustando,
aunque hoy piense que lo nuestro ha de seguir siendo un amanecer imposible.

Nenhum comentário:
Postar um comentário