Un cuentito siempre será un cuentito, aunque de verdad él sólo tenga un
poquito.
…En términos sociales, la soledad significa estar solo sin
acompañamiento de una persona u otro ser vivo, que puede también entenderse por
el deseo de privacidad o la privación voluntaria de la compañía. El estado de
estar solo o, mejor dicho, de sentirse solo, es por tanto un sentimiento que
toma cuenta de las personas. Así siendo, la soledad durante períodos más largos
puede afectar al individuo y suele ser percibida como desagradable, llegando a causar
depresión, aislamiento y reclusión, dando como resultado de una incapacidad de
establecer relaciones con los demás. Y cuanto más se piensa en ella, tanto más
parece que esta aumenta.
Ana Paula era una de esas mujeres que se sentía sola. Era la persona más
solitaria del mundo. Nada le interesaba. Vivía centrada en sí misma y en su
soledad.
Sin embargo, el aislamiento, o la soledad, es algo necesario para la
ceración intelectual, ya sea para escribir, para pintar, para tomar decisiones
particulares importantes, para componer una música, para inspiración de un
escultor, para pensar y examinar nuestras actitudes, para meditar y para otro
sinnúmero de cosas más.
Pero eso es diferente del sentimiento de soledad que la persona crea.
Sí, porque ese sentimiento muchas veces es creado. El descontentamiento consigo
mismo, la falta de autoestima son puertas abiertas para que la persona se
sienta sola.
Ana paula había sido profesora primaria, y durante muchos años se había
transformado en una compañera de trabajo que sus colegas consideraban agradable,
simpática y educada. Cumplía a contento sus tareas profesionales y sus alumnos
la querían. Pero un día ella se jubiló y se fue apartando de todos y de todo.
-En verdad, yo me siento muy bien así -respondía Ana Paula cuando
alguien le cuestionaba su actitud asceta.
Es posible que fuese verdad lo que ella decía, porque de a poco los
contactos con otros seres humanos la fueron incomodando. Salía para caminar, de
cabeza baja y medio apresada, como si tuviese la urgencia presta de hacer algún
mandado con hora marcada. Mal saludaba a los conocidos, y muy pronto dejó de
comparecer a las reuniones de ex compañeras y amigas, buscando siempre una
disculpa para no ir. Y cuanto más Ana Paula afirmaba para sus parientes que la
soledad era su ideal de vida, más sola se sentía. Por tanto, nadie más apareció
de visita en su casa.
En esas expectaciones pasó el último año. Pero, verdad sea dicha, ahora
estaba irreconocible, envejeciera, y, como dejara de maquillarse, los cabellos
blancos tomaron cuenta de su cabeza. Al punto que cuando ella se miraba al
espejo, se preguntaba: -¿Esta soy yo?
A partir de ese momento pareció demostrar un miedo supremo de las
personas. Si por acaso alguien manifestaba su intención de conversar, ella
luego se apartaba rauda. Comenzó a tener miedo de las personas, de las cosas, y
cierto día ya no salió más. Telefoneaba para que le trajeran todo en casa.
A partir de un cierto día ya no pidió más nada para el minimarket que
había cerca de su casa. Como el dueño conocía a su hermana, le preguntó a ésta lo
que había acontecido ya que hacía días Ana Paula no pedía nada.
Derrumbaron la puerta y entraron. Ella estaba muerta, en su cama, toda
encogida, cubierta hasta la cabeza con un edredón, como si estuviese huyendo de
algo…
De ella misma, ciertamente.

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