Consideramos
que todo ambidiestro tiene la
capacidad aparente de usar con la misma habilidad la mano izquierda o la
derecha. Pero independientemente del grupo o género a que estos pertenezcan,
todos y cualquier individuo puede ser considerado ambidiestro por igual, ya que
él tiene esta misma destreza escondida en el alma y el corazón.
Ser ambidiestro de nacimiento suele ser poco frecuente, sin embargo es
un arte que si se desea puede ser aprendida. El grado de versatilidad con cada
una de las manos, es, generalmente, el factor determinante para ser
ambidiestro.
Es lo mismo que sucede con el sentimiento del amor… ¿O acaso nos
olvidamos que el amor se interpreta
como un sentimiento que está relacionado con el afecto y el apego, y que es
enteramente resultante y productor de una serie de emociones, experiencias y
actitudes?
Suele ocurrir que la persona ambidiestra medita ante la decisión de qué
mano escoger para realizar determinada tarea. Aun cuando el lado derecho del
cerebro controla principalmente el lado izquierdo del cuerpo, y el lado
izquierdo del cerebro controla, en gran parte, el lado derecho del cuerpo, el
hecho de ser ambidextro refleja que las dos mitades del cerebro no han llegado
a estar tan completamente especializadas así como lo están en otros individuos,
principalmente si estos han sido contaminados por el dilecto bichito del amor.
Pero cuanto al amor en sí, el alma y el corazón no controlan nada, y es
por eso que la diversidad de
usos y significados del amor, combinado con la complejidad del sentimiento
implicado en cada caso, es lo que hace que el hecho de amar sea especialmente
difícil de definir de un modo consistente.
Pero mucho
cuidado es poco, porque las emociones asociadas al amor pueden ser
extremadamente poderosas, llegando con frecuencia a ser irresistibles. Con
todo, el amor interpersonal se considera sano o verdadero cuando éste es
constructivo para la personalidad, para lo cual es indispensable tener una
buena autoestima, ya que esta es el requisito necesario para que exista amor real
en cualquiera.
Evidente que existen diferentes tipos de amor. Por ejemplo, el amor
incondicional es el que se
profesa sin esperar nada a cambio, y ya el amor fraternal, en su sentido
estricto, refiere al afecto entre hermanos, aunque puede extenderse a otros
parientes exceptuados los padres y los descendientes. Luego está el amor romántico,
el que nace en la expectativa de que un ser humano cercano colme a uno de
satisfacción y felicidad existencial.
Pero bajo hipótesis alguna podemos olvidarnos del amor confluente, ese tipo de amor entre personas capaz de establecer
relaciones de pareja y apto a desembocar en el amor sexual, que a su vez incluye
el amor romántico y el amor confluente, para derivar sin más en el amor platónico.
Con propiedad,
no deja de ser un concepto filosófico que consiste en la elevación de la
manifestación de una idea hasta su contemplación, que varía desde la apariencia
de la belleza hasta el conocimiento puro y desinteresado de su esencia.
¿Quién,
entonces, se anima a vivir sin
ideas y amores? Sin estos, ciertamente no hay paraíso, ya que todo el que vive
de ilusiones muere de realidades.

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