La felicidad que todos buscan en la vida, es algo que se parece a un
perfume que no podemos verter sobre otros sin que algunas gotas caigan sobre
nosotros mismos, ya que con frecuencia abarca la misma felicidad que brindamos
a los demás.
Lo que de cierto suena medio extraño, es que algunas veces sospechamos
de la felicidad. Es que si la tenemos o la sentimos, estamos seguros de que ella
no durará mucho, y tenemos la supuesta convicción de que la desventura y la
adversidad no deben andar muy lejos. Es más, de alguna manera disfrutamos del
vago sentimiento de que luego seremos castigados por algún dios intrínseco si
nuestra alegría perdura más allá de lo común.
Evidente que la mayoría de los humanos, inclusive yo, no actuamos con
ese tipo de locura patológica en su grado extremo, aunque, para decir verdad,
eso no signifique que no tengamos probablemente algunos síntomas.
Instintivamente sentimos que hay algo que no es del todo aceptable en el
hecho de que las cosas nos vayan bien, y de ahí comenzamos a ver angustias a la
vuelta de cada esquina y debajo de cara farol o dentro del ropero. Y tanto le
damos manija al asunto, hasta que al final terminamos angustiados y luego alcanzamos
el punto que nos llega a preocupar la propia preocupación.
También existen aquellos que se sienten molestos por la felicidad de los
demás, y hasta pueden llegar a demostrar verdadero desprecio por la felicidad
de los otros, a la que denominan ingenuidad. Esas son personas tan pesimistas
que, cuando sienten un perfume a flores, luego buscan de inmediato localizar el
ataúd. Sin duda es una actitud cínica que surge, usualmente, por envidia.
Cuando éramos niños, dábamos por sentado que cada día nos brindaría una
felicidad mayor. Celebrábamos todo: las flores, los animales, otros niños, los
adultos cariñosos, el aprendizaje, y los abrazábamos a todos con los brazos
abiertos y una gran alegría.
Pero también debemos
reconocer que cuando éramos niños, llorábamos bien alto para llamar la
atención. Hoy, ya de grandes, lloramos bien bajito para no tener que explicar
la razón.
¿Me pregunto cuáles serán las causas reales de que esta alegría se
convirtiera en cinismo al crecer?

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